A nadie debería sorprender estos más que pobres resultados de la economía griega, ya lo advertíamos en el primer momento que se plantearon las medidas de austeridad que sólo los neocon podrían haber diseñado. No ha tardado ni dos trimestres en dar su fruto. Ya lo vimos hace unos días para Irlanda, ahora queda ver qué sucederá en España, más de lo mismo según mi opinión ya que la marcha atrás de Fomento no será ni mucho menos suficiente y una vez termine la temporada de verano sucederá lo que todos ya imaginamos, no hay que ser un experto en economía para adivinarlo: más paro, más déficit y más tiempo perdido. Es hora de actuar, cada día esto se parece más a 1937. ¿Os imagináis que en invierno repunten los precios de la energía, o se dé definitivamente una guerra en oriente próximo? Inflación desbocada, tipos de interés al alza y desempleo creciendo: ¡qué panorama!
Irlanda fue la niña preferida del FMI y de los tecnócratas neoliberales europeos, fue la alumna avanzada, fue quien supo ver con claridad -o eso parecía, las recetas que le harían recuperar la senda del saneamiento económico y del crecimiento… Pero, ¿qué está sucediendo en Irlanda después de aplicarle el shock de austeridad similar al de España o Grecia, el mismo que están recomendando a todos los países desde el BCE, y demás instituciones de “prestigio” de la economía mundial?
Pues al parecer, y según la prensa y analistas británicos la situación de Irlanda podría estar camino de lo peor y no de lo mejor.
La deuda pública continúa creciendo, las calificadoras rebajaron su nota a pesar del tremendo ajuste aplicado por el gobierno que disminuyó el salario de profesores, enfermeras y empleados públicos, pero que no ha dudado en inyectar miles de millones de euros para aliviar el dolor de los bancos. El paro alcanza ya el 13% y no tiene vistas de reducirse a pesar de -o debido a- las medidas de austeridad, que en cualquier caso demuestran su ineficacia. El único dato “positivo” fue el crecimiento gracias a las exportaciones pero dada la caída del producto interno deja en entredicho su efecto y acentúa la preocupación de los irlandeses, poniendo de manifiesto que es gracias a las medidas adoptadas por el ejecutivo irlandés que el país es el último en técnicamente “salir de la recesión”. Y no querría olvidar que en los últimos doce meses un 3% de la población activa ha abandonado Irlanda, ¡eh! quizás esa podría ser una forma de acabar con el paro.
Si bien chulear a los más pequeños del continente es una tarea relativamente fácil de conseguir, otra cosa bien distinta es intentar colársela a los hermanos mayores que, si bien deberían recordar que quien la hace la paga, en cualquier momento pueden decidir pagarle con la misma moneda y peor aún, exigir a otros que elijan entre USA y UE.
Hasta ahora el FMI y el Banco Mundial habían actuado de forma irresponsable a la hora de recomendar políticas económicas a países en aprietos fiscales o financieros. En algunos casos puede que estuviera justificado apretarse el cinturón, en especial cuando el gasto había sido excesivo e irresponsable, pero en muchos casos de países asiáticos por ejemplo, las recomendaciones de estas instituciones no hicieron más que agravar la situación de esos países prolongando las recesiones y en casos agravándolas innecesariamente.
Siempre había pensado que se trataba de sectarismo institucional pro norteamericano y europeo, que estas casas del poder servían bien a quienes representaban, pero, vaya por donde: sorpresa. No es que sirvan a unos países en concreto, o al imprerio de turno. Es que están aliados desde siempre con los verdaderos resortes del poder, el sistema financiero y sus mercenarios de la economía. Cómo sino iban a recomendar, y en algunos casos exigir una generalizada corrección de los déficits públicos en una situación donde la política económica recomienda todo lo contrario, la contradicción llega hasta tal punto que no hace demasiado tiempo ellos mismos recomendaban no abandonar políticas expansivas hasta que la recuperación económica estuviera bien consolidada, algo que, más que evidentemente no ha sucedido ni tiene miras de producirse en los próximos meses.
Claro que si ellos consideran que recobrar un crecimiento anémico sin generación de empleo es salir de la crisis entonces es posible que estén en lo cierto, sólo que quienes no estarían muy acertados serían aquellos que le prestan la oreja a semejantes descerebrados economistas.
La cuestión es que estos señores en gran medida pasivamente y otros activamente son responsables de la situación actual al no haber tomado las medidas para prevenir la debacle mundial y ahora se preocupan de que no se gaste más allá de lo estrictamente necesario para salvaguardar sus intereses: su rescate sí, el de la gente no.
No deberían estar proponiendo Alemania y Francia otras acciones en lugar de medidas que tiendan a tranquilizar a los mercados internacionales -a propósito, unos mercados que aún no han demandado nada que se le parezca a una contención del gasto, es más probablemente el efecto del mismo sea contraproducente y termine con los mercados perdiendo confianza pero por la inacción de los gobiernos y no por exceso.
Pues sí que deberían proponer otra cosa, por ejemplo un uso discrecional de la política fiscal hasta que la política monetaria se aleje de la trampa de la liquidez y pueda contrarrestar los efectos negativos de la expansión fiscal. Además este gasto debería estar estructurado con objeto de diseñar un proceso de desarrollo de medio plazo que permita a las economías occidentales establecerse en los nuevos mercados innovadores que debe representar y desarrollar. Pero ello solamente podrá hacerse mediante una política industrial elaborada con detalle, tal y como ha hecho Brasil con el sector del etanol, claro que para esto requiere de la mano del estado, y no de cualquier estado, de uno que no responda a intereses corruptos como ha sucedido en el sector del etanol en USA por ejemplo.
En el ámbito más local la Política económica deberá tener una doble línea de actuación diseñando políticas que sirvan para el ajuste de los shocks asimétricos de la zona euro, y al mismo tiempo mantener la credibilidad de la deuda pública haciendo un uso responsable del endeudamiento: es posible, manteniendo al margen y a raya a las agencias de calificación que representen intereses ajenos al general, y sin convertirse en un “nanny State“.
Por otra parte, cabe esperar que todo esto se haga en un escenario de mayor competencia por parte de las economías emergentes, y en este contexto también podemos esperar que continúe el flujo de capital ahorrado hacia occidente manteniendo los tipo de interés bajos con la consecuencia, o posibilidad de esa presión a la baja en los tipos.
El problema está en que nada de esto parece estar en mente de estos lunáticos del mercado, gestores de la crisis, valedores de piratas y ladrones de ahorros públicos. Así pues, la más probable consecuencia es el estancamiento de las economías occidentales hasta que por arte de magia y con gran dolor nuestras economías proporcionen un nuevo amanecer, al parecer eso es lo que quieren.
Que estamos en un punto de inflexión en la política económica europea ya ha dejado de ser un secreto, la necesidad de una Política Fiscal ha pasado a ser el único objetivo deseable y necesario para lidiar con shocks como el que está viviendo la zona euro. No hay posibilidad alguna de regenerar credibilidad en la moneda única, si la más elemental herramienta de actuación no está disponible para el gobierno económico. La dificultad es política no económica, Mastricht está sujeto a la prudencia fiscal y al supuesto de que el riesgo de las distintas deudas sea equiparable -pero no lo es. Por tanto, hoy más que nunca se hace imprescindible una autoridad fiscal europea, con una recaudación europea que permita atender a los desequilibrios y asimetrías de las diferentes economías europeas que componen el euro.
Tal vez para algunas elites los nuevos ajustes sean totalmente aceptables, tal y como está sucediendo en las antiguas repúblicas soviéticas, pero para el ciudadano de a pie español el reajuste propuesto por el ejecutivo de Zapatero no es de recibo.
Aún no voy a opinar respecto de las medidas, pero después de leer este post seguro que ya se puede intuir.
En el gráfico de este artículo deja claro cuáles son las posibilidades de absorver nuevas restricciones en el salario por parte de los españoles. No soy tan pesimista como Becerra pero no puedo negar lo evidente, y lo evidente es que el salario real de los españoles no ha crecido -incluso con datos oficiales, por tanto, una mayor pérdida de poder adquisitivo sólo podría empeorar nuestra economía: aunque a las elites se lo traiga al pairo y sigan creyendo en el Pacto de Estabilidad.
Hay quienes vienen apostando por una fuerte caída del euro algo que no sólo es posible sino que es altamente probable y además potencialmente deseable. Probable a pesar de que el tipo de interés en la zona euro es más elvado que en el resto de sutitutos naturales de nuestra moneda, y potencialmente deseable ya que en una situación de pérdida de competitividad como vienen sufriendo las economías de la región una mejora de los términos de intercambio provocada por la caída de la cotización de la moneda única sería una ganancia neta para nuestros exportadores y nuestra industria en general (turismo incluído). Por otra parte la dependencia energética tan temida dentro de las fronteras europeas se relaja ante la llegada del verano y la caída de la demanda de energía después de un invierno crudo.
Sin embargo existe otro sector importante que está preocupado (y bastante) con la más que probable depreciación del dólar en un futuro no muy lejano. Una depreciación que quienes la defienden indican asimismo no sólo su necesidad para levantar la economía norteamericana sino para frenar el crecimiento incesante de la deuda de esa economía. Veamos un poco este tema.
La demanda de deuda norteamericana no para de aumentar a pesar de que los datos muestran que a largo plazo el tipo de interés y la inflación comparada no muestran ganancias relativas respecto de inversiones en otras economías de solvencia similar como podrían ser europa o asia, los cálculos del BCE en 2007 mostraban un diferencial del 0,1% para el $/€ y del 0,9% para el dólar/yen. Es verdad que el mercado puede pensar que a largo plazo la deuda soberana de estas zonas no son sustitutivos perfectos y por tanto favorecer a una región en concreto frente a las demás, pero, qué pasaría si la moneda norteamericana siguiera una senda de depreciación frente al resto de monedas. Existen varios autores que reconocen la necesidad de una depreciación del dólar para reducir el déficit, pero si esta se produce en las cantidades que abogan (entre el 2% y el 4%) entonces la rentabilidad de la deuda pública de los EUA incluso podría ser negativa ¿Saben esto quienes están comprando deuda norteamericana?
El hecho de que sea más que probable que los mercado no estén teniendo en cuenta la evolución a largo plazo del tipo de cambio es una señal más del tremendo error que se comete al considerar los mercados “racionales” salvo que el dólar sea inmune a los desequilibrios de la balanza de pagos. Sabemos sin embargo que cualquier desequilibrio sostenido de una variable económica levanta de inmediato la sospecha de si nos encontramos ante una burbuja o ante un cambio estructural.
Existen argumentos a favor de que nos encontramos ante un cambio estructural como que la situación es insostenible y la depreciación del dólar es cuestión de tiempo. Bernanke, un valedor de la teoría del cambio estructural, lo justifica en la conocida abundancia mundial de ahorros “saving glut“. Es posible que exista un mayor nivel de ahorro disponible para cualquier tipo de interés dicen los detractores pero esto no justifica que a largo plazo el dólar no termine cediendo ya que los tipos de interés nominales son o deberían ser los mismos para todos los países ya tengan un saldo comercial positivo como negativo en sus respectivas balanzas.
¿Cuáles son los efectos macroeconómicos de una fuerte caída del dólar para EUA y la eurozona?
En primer lugar una depreciación del dólar tiene dos efectos para la economía americana, aumenta las exportaciones y contrae el consumo interno, en principio el consumo total de productos nacionales y extranjeros antes y después de la depreciación deben ser similares, dependerá por tanto de la magnitud del intercambio de bienes de un orígen por el otro la reacción postiva del déficit en favor de la economía. Una cuestión es si la transición al nuevo equilibrio provocaría una recesión en toda regla o una desaceleración, la respuesta a esta incógnita es que depende de que se dé primero, si el aumento de las exportaciones o la caída de la demanda interna.
Para la eurozona tendríamos un efecto similar pero de signo contrario, ya que la pérdida de competitividad haría más atractivas las importaciones frente a los productos europeos. En una situación normal se perseguiría una depreciación competitiva del euro bajando los tipos de interés, sin embargo esta posibilidad está prácticamente agotada dados los niveles actuales en los tipos de interés de la eurozona, dejando por tanto la solución a la reacción de la producción y el ajuste de sus costes, ayudado únicamente por un nivel de endeudamiento mayor que aunque esté denominado en euros seguiría produciendo desequilibrios y costes para nuestras economías. No obstante la falta de inflación prevista para los próximos años debido al nivel actual de desempleo aleja el fantasma de subidas de tipos de interés nominales como reflejo de la indexación salarial a la evolución de los precios. Dicho esto es importante recordar que cualquier shock energético actuaría como caltalizador de la inflación perjudicando aún más la posición europea, como ejemplo sólo cabe recordar la última subida de precios de hace un par de años que terminó afectando a todos los bienes de consumo. Algo a favor de las economías europeas es que la mayor parte de u comercio es de carácter interno, sin embargo esto continúa su lento proceso de cambio gracias a la globalización constante de la economía mundial.
Una visión más en perspectiva de la economía exige insertar en este contexto al gigante asiático, China, que si bien tendría efectos notables sobre la evolución de nuestros mercados, estos no serían diferenciales para la teoría económica sino aceleradores de los resultados, jugando un papel importantísmo y sin duda determinante dada la evolución pasada y expectativas de futuro confirmadas de esa región. El equilibrio se encontrará en la interacción de estos bloques comerciales.
Como se desprende de todo lo dicho la situación actual es compleja y requiere de un paciente trabajo en equipo y no de luchas partidistas. Nosotros los españoles seguimos esperando que nuestros representantes den soluciones viables para que la economía española se enfrente a la complejidad internacional y dejen de contar votos. La pregunta para muchos es, o al menos podría ser: ¿Cuándo se devaluará el dólar, si es que lo hace? Pero para muchos otros es: ¿Cuándo nuestros políticos aprenderán que hay cosas que están por encima de los intereses partidistas y personales?
Según el mismo guró de la economía Keynesiana a España le espera un largo y doloroso período de deflación y desempleo para salir de la crisis actual. Se justifica en hechos bastante poco cuestionables de la teoría económica. Por un lado tenemos la baja productividad de la economía nacional junto a una subida salarial de los últimos años en desacuerdo con los aumentos de la primera, y por otra parte en la incapacidad de devaluar el tipo de cambio del euro tal y como lo ha hecho en el pasado con la peseta. Por tanto concluye como es de esperar que ante un escenario donde los salarios son demasiado altos para competir y salir de la crisis vía exportaciones lo lógico es que el desempleo persista, esto lleve a una caída lenta de los salarios debido al aumento de la oferta de trabajadores y la caída de precios asociada a una situación de estas caracterísiticas permita en unos años ir ganando la competitividad necesaria para aumentar la producción. No tengo nada en contra de este razonamiento, que en principio es lógico y ordenado. Ahora bien, existen algunos aspectos que tendríamos que matizar ya que es posible que incluso la teoría tradicional no sea suficiente para apuntalar la economía española.
Es verdad que los salarios han crecido por encima de la productividad. Pero también es verdad que la inflación lo ha hecho aún más. Según el FMI desde la llegada del euro el PIB nominal ha crecido un 35% (y estos son datos oficiales), los salarios no han subido ni cerca esa cantidad, y si bien han intentado aproximarse para mantener el poder adquisitivo un recorte ahora sólo supondría un empobrecimiento artificial de la población que hundiría aún más el consumo. Ello no haría más que confirmar los resultados de quienes se posicionan en contra de una subida del IVA para nuestro país por lo efectos negativos sobre el consumo, sólo que en este caso la caída respondería a no a un impuesto sobre la renta disponible sino a la propia renta disponible.
En segundo lugar tenemos que si españa recortase salarios en estos momentos para ganar competitividad también lo haría grecia, francia, alemania, etc, dentro de la eurozona, y estonia, hungría, letonia fuera de la UE, pero que tienen sus mercados de exportación dentro de estas fronteras. Por tanto el recorte salarial produciría pérdida de poder adquisitivo (empobrecimiento generalizado) sin conseguir su objetivo principal. Peor aún, si tenemos en cuenta que el valor real de la deuda oficial aumentaría sensiblemente ante una deflación vía recorte de salarios.
Todo lo anterior me hace pensar que ni el recorte salarial es una vía óptima a seguir, ni tampoco una subida del IVA parece ser adecuada a nuestras necesidades. La solución pasa por aumentar la productividad en el medio plazo, claro que esto nos condena a una alta tasa de desempleo durante un período de tiempo considerable; para ello deberíamos fijar la mirada no en impuestos al consumo, sino en los impuestos sobre la renta, y en especial sobre las rentas con mayor capacidad de aportación.