¿Desempleo estructural?
Existen dos corrientes de debate que proponen iniciativas diferentes a la hora de resolver el problema del paro en las economías occidentales. Por una parte estan quienes se oponen frontalmente a cualquier iniciativa de gasto público dirigida a la recuperación o creación de empleo y quienes apoyan el papel del estado en estas tareas de generación de puestos de trabajo.
Los primeros argumentan que el paro en estos momentos es de carácter estructural y que nada puede conseguir el estado endeudándose salvo empeorar las cuentas públicas y generar una situación aún peor en el futuro. Quienes defienden estos argumentos piensan que el paro es estructural, es decir, debido al cambio en la estructura productiva del país que ha supuesto la fuerte caída de la demanda de la vivienda y contrucción, que ha expulsado mucha mano de obra y que nada se puede hacer desde el estado para recuperar la industria de la construcción al nivel necesario para volver a absorver lo que consideran un exceso para la nueva situación de la economía.
Por otra parte están quienes defienden que si bien podría darse un caso de paro estructural, esto sería en el futuro y siempre que el estado no actúe con valor pero no es el caso ahora. En este artículo DeLong expone de forma clara por qué cree que estamos ante una situación de caída general de la demanda y por tanto dentro de un escenario que demanda políticas económicas de corte keynesiano que ayuden a recuperar la demanda y a generar el empleo que el sector privado es incapaz de generar.
Creo que las dos visiones tienen que llegar a un acuerdo acerca de qué es lo que está sucediendo puesto que puede que ambos tengan un poco de razón.
En primer lugar, DeLong acierta cuando dice que deberíamos estar ante un repunte en algún otro sector si el problema no estuviera en una caída de la demanda, y los salarios allí deberían estar subiendo: es indudable que esto no se da, la demanda está comprimida en todos los sectores y los salarios caen incluso por ley en algunos casos.
En segundo lugar, es verdad que nada hará que se recupere el nivel de empleo pre-crisis en el sector inmobiliario y, por tanto, los desempleados de ese sector son candidatos a ser considerados estructurales si es que ya no lo son, y en realidad, la situación que atraviesa ese sector es tan mala que da igual el horizonte temporal que haya que respetar para que esos desempleados sean considerados estructurales, podría ser sólo una cuestión semántica -de tiempo. Así pues, parece sensato que el gasto del estado quede en entredicho si lo que desea es recuperar empleo con una mano de obra obsoleta sin futuro en su sector, podríamos pensar que el gasto sería inútil más allá de la protección por desempleo y lo que se requiere es un reciclaje a fondo del mercado laboral: reforma incluída.
Dicho lo anterior creo que no está todo dicho. El estado debe intervenir pero no como un sanador cuando la economía está enferma. En mi opinión ahí cometen el error los dos argumentos. Los estados deben intervenir de forma estratégica, deben asumir la inversión productiva en sectores que consideren necesarios para el desarrollo y recuperación de las economías occidentales. Una política industrial instrumentada por los estados que a corto plazo empuje la demanda de todos los sectores recuperando así el crecimiento y a la vez permita el reciclaje de la mano de obra para que el nuevo modelo pueda reducir con éxito el número de parados en el mercado. Esto es lo que adolece la economía y es lo que por motivos ideológicos ningún gobierno occidental está dispuesto a emprender. El miedo a lo que piensen las calificadoras, el FMI, el Banco Mundial, el BCE y la Reserva Federal no pueden ser un obstáculo para la recuperación, ellos crearon el problema, ellos no pueden ahora ser quienes frenen la recuperación.



