Cochrane vs Krugman
Acerca de la eficiencia de los mercados.
En su respuesta al artículo de Krugman How Did Economists Get It So Wrong? J. Cochrane intenta en este artículo expiar sus pecados, pero sus argumentos dirigidos a defender la teoría de la eficiencia de los mercados se parecen mucho a un mero “yo no tuve la culpa” poniendo así de manifiesto aún más la falta de respuesta y autoridad de los representantes de dicha escuela.
-
“the central empirical prediction of the efficient markets hypothesis is nobody can tell where markets are going… … this is the best-tested proposition in all the social sciences“
No aclara que se ha probado usando supuestos tan absurdos como información perfecta, racionalidad de los agentes, etc. Todo ello escondido detrás de modelos matemáticos verdaderamente complejos que sólo intentan ocultar estos hechos tan simples pero tan equivocados. En escencia el “nobody can tell” de su argumentos se asemeja más a la retórica religiosa, allí también se apela a la omniprescencia del Creador y a la inescrutabilidad de sus designios: ¿es esto ciencia? Por esto se les llama fundamentalistas de mercado.
¡Pero es que sigue! y llama literalemente “volatilidad” al hundimiento de más de la mitad del sistema financiero (sin comentarios), y si esto no había sido suficiente aún entonces nos regala la perla:
“people are prey to bursts of irrational optimism and pessimism“:
sí amigos, esto sí que es precisamente una conducta racional, ¿verdad?
Otro apunte más acerca de su “eficiencia” cuando nos dice:
-
“Unless you are willing to elaborate your theory to the point that it can quantitatively describe how much and when risk premiums, or waves of “optimism” and “pessimism,” can vary, you know nothing. No theory is particularly good at that right now.”
¿Qué quiere decir con esto?
Supongo que lo lógico es que nadie sabe cómo funciona el comportamiento de las personas en el mercado, y por tanto, que no son racionales, y si el supuesto de racionalidad se rompe entonces el que los mercados sean eficientes en algún momento en el tiempo sólo se puede producir por pura casualidad.
“Crying bubble” evidentemente no es la solución, y nadie reclama conocer la receta para predecirlas aunque a veces existen datos que demuestran claramente cuando una se está gestando, en su lugar sólo se busca una solución para evitar que se produzcan: Regulación adecuada.
En cierta medida comparto su desconfianza hacia los defensores de la economía conductual, en este caso Schiller (Animal Spirits) puede que no llegue a acertar completamente con su teoría pero reconocer que no se sabe es un primer paso muy importante, mientras que pregonar que todo está bajo control por que el Sacrosanto mercado sabe más y mejor que nosotros además de científicamente irresponsable ha resultado ser catastrófico; y a su pregunta de “Are markets irrationally exuberant or irrationally depressed today?” yo contestaría que hoy por hoy los mercados están siendo lo más cercanos a la racionalidad que se les puede pedir, claro que después de haber hundido en el paro a más del 15% de la población mundial, un precio demasiado elevado.
Agrega asimismo el autor que si creemos que los banqueros son “idiotas” no hay motivos también para creer que el ministro de economía y el presidente de la reserva federal también no lo sean… esto es como afirmar que como mi vecino tiene un mercedes rojo, entonces todo los que viven en mi finca deben tener un mercedes rojo: no sólo es esta afirmación un poco extraña, sino que es una falacia que se debería haber aprendido a no cometer en primer curso.
Por tanto creo que este ilustre representante de la escuela de Chicago más que dar respuestas racionales a la situación que han propiciado se ha entregado por completo a la tarea de derivar la atención lejos del foco del problema, no da respuestas a las interrogantes, y en el mejor de los casos apela a su máxima: sólo los mercados saben por qué! Lo preocupante no es que algún que otro académico se plante frente a un atril y sermonee al mundo con su credo mercadero sino que los responsables de la política económica les ecuchen y estén dispuestos a actuar conforme su predicación. Visto lo visto y el prestigio que los defensores de estas teorías aún mantienen no está nada claro que después de haber impedido una nueva Gran Depresión a costas de una Gran Recesión estemos camino de volver a empezar a andar los inescrutables caminos del fundamentalismo de mercado.