Hay quienes vienen apostando por una fuerte caída del euro algo que no sólo es posible sino que es altamente probable y además potencialmente deseable. Probable a pesar de que el tipo de interés en la zona euro es más elvado que en el resto de sutitutos naturales de nuestra moneda, y potencialmente deseable ya que en una situación de pérdida de competitividad como vienen sufriendo las economías de la región una mejora de los términos de intercambio provocada por la caída de la cotización de la moneda única sería una ganancia neta para nuestros exportadores y nuestra industria en general (turismo incluído). Por otra parte la dependencia energética tan temida dentro de las fronteras europeas se relaja ante la llegada del verano y la caída de la demanda de energía después de un invierno crudo.
Sin embargo existe otro sector importante que está preocupado (y bastante) con la más que probable depreciación del dólar en un futuro no muy lejano. Una depreciación que quienes la defienden indican asimismo no sólo su necesidad para levantar la economía norteamericana sino para frenar el crecimiento incesante de la deuda de esa economía. Veamos un poco este tema.
La demanda de deuda norteamericana no para de aumentar a pesar de que los datos muestran que a largo plazo el tipo de interés y la inflación comparada no muestran ganancias relativas respecto de inversiones en otras economías de solvencia similar como podrían ser europa o asia, los cálculos del BCE en 2007 mostraban un diferencial del 0,1% para el $/€ y del 0,9% para el dólar/yen. Es verdad que el mercado puede pensar que a largo plazo la deuda soberana de estas zonas no son sustitutivos perfectos y por tanto favorecer a una región en concreto frente a las demás, pero, qué pasaría si la moneda norteamericana siguiera una senda de depreciación frente al resto de monedas. Existen varios autores que reconocen la necesidad de una depreciación del dólar para reducir el déficit, pero si esta se produce en las cantidades que abogan (entre el 2% y el 4%) entonces la rentabilidad de la deuda pública de los EUA incluso podría ser negativa ¿Saben esto quienes están comprando deuda norteamericana?
El hecho de que sea más que probable que los mercado no estén teniendo en cuenta la evolución a largo plazo del tipo de cambio es una señal más del tremendo error que se comete al considerar los mercados “racionales” salvo que el dólar sea inmune a los desequilibrios de la balanza de pagos. Sabemos sin embargo que cualquier desequilibrio sostenido de una variable económica levanta de inmediato la sospecha de si nos encontramos ante una burbuja o ante un cambio estructural.
Existen argumentos a favor de que nos encontramos ante un cambio estructural como que la situación es insostenible y la depreciación del dólar es cuestión de tiempo. Bernanke, un valedor de la teoría del cambio estructural, lo justifica en la conocida abundancia mundial de ahorros “saving glut“. Es posible que exista un mayor nivel de ahorro disponible para cualquier tipo de interés dicen los detractores pero esto no justifica que a largo plazo el dólar no termine cediendo ya que los tipos de interés nominales son o deberían ser los mismos para todos los países ya tengan un saldo comercial positivo como negativo en sus respectivas balanzas.
¿Cuáles son los efectos macroeconómicos de una fuerte caída del dólar para EUA y la eurozona?
En primer lugar una depreciación del dólar tiene dos efectos para la economía americana, aumenta las exportaciones y contrae el consumo interno, en principio el consumo total de productos nacionales y extranjeros antes y después de la depreciación deben ser similares, dependerá por tanto de la magnitud del intercambio de bienes de un orígen por el otro la reacción postiva del déficit en favor de la economía. Una cuestión es si la transición al nuevo equilibrio provocaría una recesión en toda regla o una desaceleración, la respuesta a esta incógnita es que depende de que se dé primero, si el aumento de las exportaciones o la caída de la demanda interna.
Para la eurozona tendríamos un efecto similar pero de signo contrario, ya que la pérdida de competitividad haría más atractivas las importaciones frente a los productos europeos. En una situación normal se perseguiría una depreciación competitiva del euro bajando los tipos de interés, sin embargo esta posibilidad está prácticamente agotada dados los niveles actuales en los tipos de interés de la eurozona, dejando por tanto la solución a la reacción de la producción y el ajuste de sus costes, ayudado únicamente por un nivel de endeudamiento mayor que aunque esté denominado en euros seguiría produciendo desequilibrios y costes para nuestras economías. No obstante la falta de inflación prevista para los próximos años debido al nivel actual de desempleo aleja el fantasma de subidas de tipos de interés nominales como reflejo de la indexación salarial a la evolución de los precios. Dicho esto es importante recordar que cualquier shock energético actuaría como caltalizador de la inflación perjudicando aún más la posición europea, como ejemplo sólo cabe recordar la última subida de precios de hace un par de años que terminó afectando a todos los bienes de consumo. Algo a favor de las economías europeas es que la mayor parte de u comercio es de carácter interno, sin embargo esto continúa su lento proceso de cambio gracias a la globalización constante de la economía mundial.
Una visión más en perspectiva de la economía exige insertar en este contexto al gigante asiático, China, que si bien tendría efectos notables sobre la evolución de nuestros mercados, estos no serían diferenciales para la teoría económica sino aceleradores de los resultados, jugando un papel importantísmo y sin duda determinante dada la evolución pasada y expectativas de futuro confirmadas de esa región. El equilibrio se encontrará en la interacción de estos bloques comerciales.
Como se desprende de todo lo dicho la situación actual es compleja y requiere de un paciente trabajo en equipo y no de luchas partidistas. Nosotros los españoles seguimos esperando que nuestros representantes den soluciones viables para que la economía española se enfrente a la complejidad internacional y dejen de contar votos. La pregunta para muchos es, o al menos podría ser: ¿Cuándo se devaluará el dólar, si es que lo hace? Pero para muchos otros es: ¿Cuándo nuestros políticos aprenderán que hay cosas que están por encima de los intereses partidistas y personales?