Empleo: ¿qué están haciendo?
No cabe la menor duda que el principal problema y tal vez el de más difícil solución en estos momentos es el desempleo. Se podría inundar esta página con enlaces a estudios y estadísticas acerca de la evolución del desempleo en cada país. Este problema es factor común y son contados los casos donde la evolución de la tasa de empleo no supone un quebradero de cabeza para las autoridades económicas. A cada país le afecta en diferentes grados, y aunque el grado de seriedad va desde “inquietante” hasta “desesperado”, baste como ejemplo el caso español que se asemeja a la evolución en EUA, y en el otro extremo el caso alemán. Sea cual sea el sitio donde observemos la tónica es la misma: empresas cerrando por falta de demanda de productos. Claro que detrás de la evolución de cada país se encuentra todo un inmenso territorio que reúne las características económicas de cada uno de ellos, y éstas determinan no sólo el resultado inmediato del empleo, sino que fijan a su vez el margen de maniobra de los gobiernos.
Alemania por ejemplo con una economía basada en la alta productivadad y dirigida al exterior ha conseguido capear el temporal, y aprovechar el ligero repunte del comercio internacional en su favor, al menos de momento su posición como máquina exportadora continúa siendo viable, es de esperar también que China y la India, e incluso Brasil le ganen terreno en el medio plazo cuestionando la sostenibilidad de este modelo de país. Allí las empresas optaron por el trabajo a tiempo parcial, y por el “working-time account” que es un método por el cual los trabajadores en épocas de fuerte crecimiento económico hacen horas más allá de sus horarios regulares acumulándolas en una cuenta, y luego reducen su jornada de trabajo en momentos de recesión. También se da el caso en el que se recibe apoyo público mediante la compensación de los salarios de aquellos trabajadores que al reducir su jornada ven caer sus ingresos por dichos motivos.
Un factor clave a tener en cuenta en la predisposición a mantener el nivel de contratos por las empresas alemanas es el alto nivel de formación requerida para estos trabajos, el empresario puede despedir al trabajador durante la recesión, pero una vez se recupera la senda expansiva es más difícil encontrar este tipo de empleados. Para quienes no encajan en ninguna de las proposiciones anteriores, existe la movilidad geográfica a zonas donde sí existe un posible empleo, o el reciclaje y la formación, y en última están los servicios públicos de desempleo. Todo ello ha permitido a Alemania salir bastante bien parada en comparación con otros países de su entorno pero ello no permite desatender dos factores, el primero su anatomía económica y en segundo lugar a que estas medidas sirven sólo para mantener el empleo a corto plazo.
España, podríamos decir en las antípodas anatómicas de Alemania, tiene una economía fuertemente condicionada por el turismo y los servicios, y ha completado una década de fuerte crecimiento mediante la ya famosa “burbuja inmobiliaria” o ladrillazo. El primer resultado ante la caídad de la demanda ha sido un fuerte desempleo que ha generado tasas del 20% sin poder contar para su amortiguación con medidas “a la alemana” por las evidentes diferencias en composición de la producción. En primer lugar la movilidad no es una opción, ya que si no hay demanda turística en la costa brava, tampoco la habrá en canarias. No existe tampoco incentivos por parte de los empresarios a mantener un empleado en contrato que es perfectamente sustituible por la baja cualificación requerida. El trabajo a tiempo parcial no es una figura muy extendida ya que los salarios en general no pueden ser comparados con los de Alemania, haciendo poco atractivo esta figura, sino completamente inviable. Los “working-time accounts” no existen, ya que las horas de más que se trabajan en las empresas españolas son asumidas por las mismas como una ganancia extraordinaria para ellas, y si en la mayoría de los casos no se pagan en forma alguna a los trabajadores, mucho menos ponerlas a cuenta para futuras recesiones, simplemente puede decirse que en general no existe cabida para esa cultura en la empresa española.
Reformar por tanto el modelo productivo es probablemente la mejor forma de conseguir avances en materia de empleo, pero eso no se consigue en el corto plazo, por tanto es de esperar que España continúe mostrando altas tasas de paro durante varios años, sólo atenuadas estacionalmente por el aumento del turismo.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, y además, recordando que el Uruguay es un país relativamente cerrado al comercio internacional se puede llegar a comprender mejor la evolución hasta el momento así como el futuro del empleo en el país y valorar en su justa medida la mentalidad de los empresarios uruguayos. Es verdad que el punto de partida es diferente y que las condiciones económicas distan de ser plenamente equiparables pero es reconfortable saber que el desempleo no es la primera opción y que se intenta hacer lo posible por mantener un puesto de trabajo a obtener un beneficio inmediato. En este sentido cabe recordar que ya hay voces que rachazan los altos beneficios repartidos por las Bolsas internacionales en momentos en que el número de personas que pierden sus únicos ingresos sigue aumentando sin vistas de correción. Sin embargo, en mi opinión lo que está sucediendo en el mercado bursátil poco tiene que ver estrictamente con los beneficios empresariales, y mucho más que ver con un acceso al dinero barato en los mercados financieros que son dirigidos sin mucho criterio económico allí donde exista una posible promesa de revalorización de las acciones: una burbuja.
