Productividad y empleo

Dada la baja productividad de la economía española sus salarios no crecen y por tanto el poder adquisitivo de los españoles se ha estancado, la productividad es además, la responsable de la virulencia del paro en nuestro país dado que cuando entramos en una recesión (mucho más en una del tipo que estamos atravezando) los sectores de baja productividad, que a la vez son intensivos en trabajo, tienden en su ajuste a despedir mucho más personal. Pero detrás de este mecanismo económico de fondo existen otras fuerzas que deberíamos considerar a la hora de obtener una comprensión más acertada de la posible evolución del paro en España ante las posibles medidas económicas dirigidas a aumentar la productividad.

En primer lugar, sabemos que un aumento en la productividad general de la economía también implica un aumento del paro general de la misma, la experiencia indica que al sustituir empresas que quedan desfazadas en términos competitivos los puestos generados por nuevas empresas en áreas innovadoras no suelen asimilar el número de parados arrojados por la conversión. No vamos a entrar a describir la cantidad de trabajadores que por edad (caso europeo) no están en disposición de transformarse y adaptarse a la nueva economía. Esto supone una carga extra para el Estado.

Otro aspecto aún de mayor calado es la capacidad de cada país de adaptar su economía a un nuevo estructura económica, entendiendo a ésta como la base general de producción y sus mecanismos. En este sentido, en España, contamos con la LES, que es un proyecto ambiguo, y que su fundamental debilidad es que deja al bienhacer del mercado la obtención de resultados satisfactorios. Esto es tremendamente peligroso como estrategia, y a estas alturas no cabe dudar de esta afirmación. Sería indispensable una política industrial que dirija la economía hacia aquellos sectores capaces de maximizar la producción y el empleo. La experiencia en este sentido también es clara. Allí están los ejemplos de Japón, Korea y demás dragones asiáticos que pasaron de monoproducción agrícola en la mayoría de casos a ser países tremendamente competitivos en áreas donde en proncipio no contaban de partida con ventajas comparativas suficientes, esto se debe sin duda alguna a que esas ventajas comparativas no son algo estático, sino que son dinámicas, y la política económica debe tener en cuenta este aspecto y dirigir los esfuerzos de una país a la búsqueda y desarrollo de esos sectores potenciales de la economía.

Por tanto, reducir la enorme tasa de paro en nuestro país no sólo llevará mucho tiempo dada las actuales circunstancias de la economía mundial (argumento/esperanza de Zapatero), sino que además requerirá de un esfuerzo de planificación y dirección (imposible de esperar del PP) de un calibre que no creo que en estos momentos, ni nuestros empresarios, y mucho menos nuestros partidos políticos tengan la capacidad e intención de conseguir.


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