¿Dónde está el límite?
Uno podría preguntarse hasta qué punto la falta de ética ha desaparecido en nuestra sociedad actual, y en este sentido, y pensando un análisis postpartido de la crisis actual podría preguntarse también qué debemos hacer para recuperar los buenos criterios a la hora de tomar decisiones que afecten a la sociedad en su conjunto. Lo que tengo absolutamente claro es que hay cosas que no queremos que persistan más en el tiempo y que debemos procurar no repetir. Por ejemplo, últimamente leemos en prensa cosas como esto o esto, ambos artículos hacen referencia a las amenazas creíbles hechas por calificadoras de riesgo a países como Grecia o España respectivamente.
Uno que ya ha visto casi de todo en los últimos tiempos en el sistema financiero y sus instituciones, pero sobre todo uno que ha observado con indignación cómo el Estado ha tenido que invertir sumas desconocidas de dinero en el sistema financiero para salvarlo de su propio colapso y ahorrar así la más que segura catástrofe de la economía real incurriendo en déficits enormes para conseguirlo, digo, pensaría que el sistema financiero enviaría a los estados al menos una nota de “muchas gracias por salvarnos la vida”… “hemos sido muy malos y prometemos comportarnos bien”, o algo por el estilo sería lo lógico ¿no?.
Sin embargo, la actitud de estas personas ha sido muy diferente. Me explico. Hace unos meses el Estado inyectó cientos de miles de millones de euros o dólares para que el sistema financiero continuase ejereciendo su papel fundamental en la economía (aquí lo describo), y ¿qué ha hecho el sector financiero desde entonces? Desde luego no ha prestado dinero alguno a la economía real bajo el pretexto de que serán responsables y no harán préstamos a empresas que no tengan garantías de solvencia, algo que no es verdad estrictamente ya que no están prestando a nadie. Cabe preguntarse entonces ¿por qué no lo hacen?¿Es que se han reconvertido en buenos y responsables samaritanos de la economía? Pero me temo que esta no es la razón, es algo aún más turbio y despreciable, ¿cómo podría ser de otra forma? muchos estarán pensando. Pues lo que ha venido sucediendo es que es más rentable comprar letras del Tesoro con una rentabilidad superior a interés al que reciben préstamos de los Bancos Centrales y ahorrarse el riesgo de prestar en épocas de aguas revueltas a empresas que después de todo sólo se dedican a producir bienes de consumo de interés general. Aclarando, el sistema financiero (personas de carne y hueso) se emborracha y pone en riesgo la completa totalidad de la economía, obliga acto seguido a los respectivos gobiernos a incurrir en déficits enormes para rescatarlos emitiendo deuda pública para financiarse y que ellos mismos compran y obtienen grandes beneficios (Santander) a la vez que siguen incumpliendo su función de engranaje dentro de la economía a pesar de la insistencia del gobierno para que presten: ¡y finalmente las calificadoras amenazan con recortar el rating de los Estados! ¿Es que estamos todos locos? ¡O sencillamente son unos sinvergüenzas!