Uruguay ¡va bien!
Hay mucho escéptico caminando por ahí respecto de la evolución de la economía uruguaya, y es curioso que sea así cuando todos los datos del pulso económico de nuestra economía muestran signos de recuperación, no sólo de la fuerte crisis internacional, sino de los propios males que tenían secuestradas todas las posibilidades de crecimiento de nuestro país. Para muestra de lo primero basta un botón, y de lo segundo les invito no a creerme a mí, sino a creer en ustedes mismos.
Veamos cuales son los principales argumentos (mentiras) que se escuchan por parte de los frentampliófobos de la oposición. En primer lugar tenemos aquello de:
… el Uruguay se está aislando de los inversores internacionales al asociarse con Chaves y Cuba, los dictadores no son una buena imagen para nuestro país que necesita inversión extranjera…
Pues bien, no sólo mienten de forma impresentable quienes argumentan semejante cosa acerca de nuestra política exterior sino que aquí tenemos la dirección que ha seguido la Inversión directa en nuestro país desde 1999 hasta 2008:
Este gráfico parece darle la razón a quienes apoyan la tésis de que desde la llegada del FA al gobierno el Uruguay no sólo no es menos atractivo sino que ha conseguido montos en inversión directa desconocidos para otros ejecutivos durante los años representados allí. Las críticas de estos detractores deberían centrarse en hacia dónde esas inversiones están dirigidas, pero al parecer eso no resulta tan rentable políticamente, aunque visto los resultados obtenidos en las últimas elecciones apelar a este tipo de argumentaciones no les haría mucho más daño.
Luego están los campeones del empleo, esos que nunca fueron capaces de reducir la tasa de paro desde el vergonzoso 20% que reinó durante todo su gobierno.
La propia teoría demuestra que en momentos de expansión económica el número de personas que acude a los servicios públicos de empleo en calidad de demandante aumenta. Este efecto meramente estadístico se debe a que las perspectivas positivas de encontrar un puesto de trabajo empuja a personas que antes estaban desanimadas a apuntarse activamente a buscar empleo. Pues bien, aún así, el ejecutivo saliente ha sido capaz de reducir la tasa de paro al 6,4%, esto no es sólo un hito para los años recientes por la flagrante incapacidad o falta de interés de otros gobiernos a reducir el número de desempleados de nuestro país, sino que además ha sido el mejor camino para fomentar la demanda -vía aumento del consumo- que ha llevado a las fuertes tasas de crecimiento de PIB de los últimos años.
Queda mucho trabajo por hacer, y el ejecutivo entrante no se debe relajar por los éxitos obtenidos durante la anterior legislatura, seguir con el desarrollo social tan marginado durante décadas, mejorar la competitividad y buscar más mercados para la industria del país, controlar la inflación, ajustar algunos salarios a la productividad, mejorar la educación y controlar el déficit, todas ellas tareas escenciales para la buena salud de la economía, pero todos estos propósitos no deben ser entendidos como tareas desatendidas por el gobierno sino como una continuación de las prioridades que se ha establecido para el desarrollo de nuestro país.
